En esta reseña propongo instalar un primer acercamiento sobre un objeto material histórico: la Escuela Nocturna de Teatro, un proyecto nacido bajo el entonces ITUCH y que permanece a resguardo en el archivo vivo de quienes estudiaron ahí -como es el caso de Alejandra Gutiérrez o Miguel Littin-, o bien en algunos pasajes escondidos de la historia del teatro chileno. El propósito de este escrito es situar o al menos demarcar un objeto de interés sobre el que volvemos a trabajar en una investigación actualmente en desarrollo.